La nevada fue ligera, casi simbólica, pero suficiente para devolverle a Gillette Stadium una postal que parecía guardada en otra era. New England Patriots volvió a ganar un juego divisional de playoffs y, con un sólido 28-16 sobre los Houston Texans, regresó a la Final de la Conferencia Americana. El próximo domingo visitará a los Denver Broncos en una aduana históricamente hostil, aunque con un factor clave: Denver no contará con su quarterback titular, Bo Nix.
El equipo que durante años fue identificado como el “Imperio del mal”, el de Tom Brady y Bill Belichick, reapareció sin nostalgia ni referencias al pasado. El sello fue otro: defensa dominante, errores forzados y un mariscal joven que supo administrar el caos. No hubo grandilocuencia; hubo control.
Agobio total sobre Stroud
Houston llegó con racha de 10 triunfos y etiqueta de contendiente estable. Se fue con cinco pérdidas de balón y la sensación de que, por tercer año consecutivo, el camino se corta en la ronda divisional. C.J. Stroud lanzó para 193 yardas, un touchdown y tres intercepciones. Nunca encontró ritmo. La presión frontal de Nueva Inglaterra cerró ventanas, forzó lanzamientos tardíos y convirtió cada error en un cambio de guion.
El quiebre llegó cuando Houston parecía tener el control. Con ventaja 10-7, Stroud lanzó hacia la banda y Marcus Jones leyó la trayectoria: intercepción y devolución de 26 yardas a las diagonales. El 14-10 cambió el dueño del partido. Desde ahí, el juego fue incómodo para los Texans y familiar para los Patriots.
Maye, sobrio y letal
Drake Maye no necesitó cifras desbordadas: 179 yardas, tres touchdowns y una intercepción. Fue preciso en tercera oportunidad y oportuno en zona roja. Uno de sus envíos de anotación fue para Stefon Diggs, quien la temporada pasada vestía de texano y ahora volvió a ser referencia en Foxborough.
Boutte, la amenaza constante
Kayshon Boutte fue el receptor más difícil de contener: 79 yardas y un touchdown, castigando coberturas intermedias y extendiendo series que desgastaron a la defensiva rival. En un ataque que no buscó brillar, Boutte inclinó el campo con constancia.
Historia que pesa
Nueva Inglaterra mejoró a 3-0 su marca ante Houston en playoffs (siempre en ronda divisional), llegó a 25-5 como local en postemporada y a 17-6 en juegos divisionales. Extendió a ocho su racha de victorias consecutivas en esta instancia y avanzó a su 17.º Juego de Campeonato de Conferencia desde la fusión de 1970.
El contraste con el pasado inmediato es brutal: hace un año terminaron 4-13 y últimos del Este. En una temporada, Mike Vrabel cambió el rostro del equipo: simplificó el plan ofensivo, reconstruyó la identidad defensiva y devolvió a los Patriots a una conversación que parecía cerrada.
A una victoria del Super Bowl del 8 de febrero en Levi’s Stadium, Nueva Inglaterra vuelve a ser un problema real en enero. En la nieve de Foxborough no miraron atrás. Simplemente avanzaron.

