Después de 272 juegos de temporada regular, de un calendario que devora cuerpos e ilusiones, y de unos playoffs que fueron dejando historias abandonadas en cada ronda, la NFL vuelve a su verdad más cruda y honesta: reducirlo todo a un solo domingo. El Super Bowl LX no es una consecuencia natural; es una depuración. Llegar implica haber resistido más de lo que se presume y haber fallado menos de lo que se permite.

