La temporada terminó de forma abrupta para los Buffalo Bills, pero el desgaste de la batalla sigue dejando huella. Ahora, el foco se posa sobre Josh Allen, el rostro de la franquicia, quien podría someterse a un procedimiento médico en el arranque de la temporada baja para atender una lesión persistente en el pie derecho.
Durante la última semana de campaña, Allen apareció en el reporte de lesionados con tres molestias —pie, rodilla y un dedo—, aunque ninguna lo marginó de la acción. Sin embargo, el problema en el pie, sufrido en el cierre de la fase regular, fue lo suficientemente incómodo como para limitar su participación en entrenamientos. Este miércoles, el gerente general Brandon Beane confirmó que el quarterback podría necesitar “hacer algo” para corregir definitivamente la lesión.
La buena noticia para Bills Mafia: no se espera que cualquier intervención afecte su presencia en las OTAs de primavera. Es decir, el plan es resolver el problema sin comprometer la preparación del líder ofensivo.
Allen, fiel a su estilo, jugó a pesar de los golpes. En la derrota ante Denver lanzó para 283 yardas (25/39), corrió 66 yardas en 12 acarreos, pero el desgaste fue evidente: dos intercepciones y dos balones sueltos marcaron una noche cuesta arriba en playoffs.
Buffalo entra al receso con una prioridad clara: proteger a su quarterback franquicia. Si hay que ajustar piezas ahora para que Allen llegue pleno al 2026, el momento es este. Porque en Buffalo, el objetivo no cambia: volver más fuertes y con su líder al cien por ciento para otra carrera profunda en enero.

