La historia de Adamaris Sánchez no se detiene. Cuando parecía que el ciclo internacional estaba completo tras conquistar canchas en Street Soccer y levantar títulos en Corea, Polonia, Portugal y Ecuador, el fútbol volvió a tocar su puerta. Esta vez, con un nuevo reto y el mismo hambre de siempre: la Copa América de Fútbol 7, que se disputará en abril en Argentina.
La juarense, estudiante de Terapia Física y Rehabilitación en la Universidad Tecnológica de Ciudad Juárez, aceptó el llamado con la serenidad de quien ya conoce el peso de representar a México y la emoción intacta de quien nunca se cansa de competir. “Después del Street pensé que este año sería más tranquilo, pero cuando llegan estas oportunidades, no se pueden dejar pasar”, confiesa.
El llamado no fue casual. Su trayectoria habla por sí sola. Adamaris ya había dejado huella en Fútbol 7 con un campeonato en Ecuador, además de consolidarse como una jugadora decisiva en torneos recientes, incluido un cuadrangular ganado con autoridad. La invitación llegó como reconocimiento a esa constancia que no se negocia.
La preparación ya está en marcha. Entrenamientos miércoles y sábado, trabajo en equipo con varias compañeras de la región y una meta clara: volver con el primer lugar. “Siempre que salgo a competir, el objetivo es ganar. Así sea en la escuela, en la calle o en un torneo internacional”, afirma con convicción.
Más allá del balón, Adamaris también construye su futuro. En su último año universitario, combina entrenamientos con prácticas profesionales y la atención de su consultorio de rehabilitación, donde aplica lo aprendido para ayudar a otros a volver al movimiento. El fútbol le dio mundo; la carrera, propósito.
Desde aquella niña que entró “a estorbar” en un partido porque faltaban jugadores, hasta la seleccionada que hoy suma mundiales y campeonatos, Adamaris Sánchez encarna una verdad simple: la pasión no entiende de formatos ni de fronteras. En Argentina, volverá a jugar con el corazón abierto y el mismo mensaje de siempre: competir al máximo y dejarlo todo.
El silbatazo inicial se acerca. Y con él, otra oportunidad de oro.

