Las secuelas del combate ante la élite del peso completo no tardaron en aparecer para Jake Paul. El estadounidense tuvo que ser operado de emergencia luego de su pelea frente a Anthony Joshua, duelo que terminó de forma violenta en el Kaseya Center.
Paul sufrió una doble fractura de mandíbula tras el derechazo demoledor que lo envió a la lona en el sexto asalto. El impacto fue tan severo que los médicos se vieron obligados a retirarle varias piezas dentales durante la intervención quirúrgica, además de imponerle un protocolo estricto de recuperación: siete días alimentándose únicamente con líquidos.
El nocaut no solo cerró la pelea, también dejó una huella física inmediata en el creador de contenido convertido en boxeador profesional. El intento de medirse con un excampeón mundial y campeón olímpico terminó evidenciando la distancia que aún existe entre el espectáculo mediático y la crudeza del boxeo de más alto nivel.
Para Paul, la derrota va más allá del resultado deportivo. Representa el costo real de enfrentar a la realeza de los pesos pesados. Mientras inicia su rehabilitación, su futuro inmediato queda en pausa y surge la pregunta inevitable: ¿volverá a arriesgar su carrera —y su salud— ante rivales de este calibre?
El boxeo no concede segundas oportunidades, y Joshua se encargó de dejarlo claro con un solo golpe.

