La Selección Mexicana de Futbol volvió a tropezar con sus propias expectativas. Aunque el marcador final refleje un 2-0 sobre Surinam —una nación sin peso alguno en la élite del futbol—, el desempeño del equipo dirigido por Javier Aguirre dejó mucho que desear. México ganó, sí… pero lo hizo sin alma, sin claridad y, lo peor, sin contundencia ante un rival que, en el papel, debía ser aplastado.