La Selección Mexicana de Futbol volvió a tropezar con sus propias expectativas. Aunque el marcador final refleje un 2-0 sobre Surinam —una nación sin peso alguno en la élite del futbol—, el desempeño del equipo dirigido por Javier Aguirre dejó mucho que desear. México ganó, sí… pero lo hizo sin alma, sin claridad y, lo peor, sin contundencia ante un rival que, en el papel, debía ser aplastado.
En el AT&T Stadium de Arlington, Texas, el “Tri” selló su pase a los cuartos de final de la Copa Oro 2025, pero el camino que lo llevó ahí está lejos de convencer. El equipo volvió a exhibir su letargo futbolístico y su eterna dependencia del balón parado como única arma real de daño.
🇲🇽 México empieza con promesas… y termina en la mediocridad
Los primeros minutos mostraron a un México insistente, con una ofensiva prometedora entre Raúl Jiménez y Julián Quiñones, acompañados por Edson Álvarez. Pero, como ha pasado tantas veces, la chispa se apagó tan rápido como llegó. El equipo tocaba, circulaba… pero sin profundidad ni creatividad.
Surinam, sin presiones ni expectativas, incluso se dio el lujo de asustar a Malagón al minuto 12 con un disparo venenoso de Jubitana que obligó al arquero a exigirse. Ese simple aviso bastó para desnudar la fragilidad de una selección que sigue sin encontrar su identidad.
⚽ Goles salvadores… pero insuficientes
Tuvo que ser César Montes, el central de rayado corazón, quien rescatara al “Tri” con dos goles calcados de cabeza tras cobros de esquina por parte de Alexis Vega. Ni siquiera fue una jugada elaborada. Fue una fórmula repetida que funcionó, más por errores de marca que por genialidad ofensiva.
El doblete del “Cachorro” (minutos 56 y 63) calmó las aguas solo en el marcador, pero no borró la sensación de un México sin idea. La única jugada clara en el segundo tiempo fue anulada por fuera de lugar, negando el tercero en los pies del “Chino” Huerta.
❌ Una victoria que no ilusiona
Si el objetivo era convencer, el Tri falló estrepitosamente. Vencer a Surinam 2-0 sin imponer condiciones ni dejar sensación de dominio total es inaceptable para una selección que aspira, supuestamente, a conquistar la región. Una vez más, la promesa de “ahora sí” se topa con una realidad mediocre.
Javier Aguirre tiene un rompecabezas en las manos. El próximo domingo enfrenta a Costa Rica con la obligación no solo de empatar o ganar, sino de mostrar algo de futbol que justifique el ruido y el hype que siempre acompaña a esta selección. Por ahora, la historia se repite: México cumple en el marcador… y decepciona en la cancha.