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Uriel Antuna, nuevo rugido en el Pedregal

Uriel Antuna volverá a empezar. Otra vez. El extremo duranguense continuará su carrera en Ciudad Universitaria, donde vestirá la camiseta de Pumas de la UNAM, convirtiéndose en su quinto club dentro de la Liga MX. El futbolista firmará por un año y aceptará una reducción salarial importante respecto a lo que percibía con Tigres, apostando todo a una última gran oportunidad.

El movimiento no es casual. Antuna quiere llegar al Mundial 2026 y sabe que el reloj corre. Los partidos que vienen serán pocos, las miradas muchas y el margen de error mínimo. Convencer al Vasco Aguirre exige regularidad, impacto y carácter. En el Pedregal, eso nunca ha sido sencillo.

La llegada del volante fue petición directa de Efraín Juárez, quien busca velocidad, desborde y profundidad para un equipo que históricamente ha hecho del sacrificio su bandera. Antuna, hombre del desierto, ahora correrá bajo el sol implacable del mediodía capitalino, en una cancha donde la garra pesa tanto como el talento.

Nómada de los grandes

La carrera de Uriel Antuna ha sido una travesía irregular, una bitácora de contrastes. Debutó en Santos Laguna, salió joven al extranjero y regresó al país con la etiqueta de promesa por consolidar. En Guadalajara, tras su paso por Groningen y LA Galaxy, jugó más de 60 partidos con Chivas. Su velocidad rompía defensas, pero la constancia seguía siendo una deuda pendiente.

Luego vino Cruz Azul, donde su rendimiento fue intermitente, aunque suficiente para escribir una página personal importante: campeón de goleo del Clausura 2024 con ocho tantos. No fue una cifra deslumbrante, pero sí un símbolo de evolución en un futbolista que siempre fue más asistidor que definidor.

Su etapa con Tigres fue apenas una escala. En un plantel saturado de figuras, Antuna perdió protagonismo. En 41 partidos entregó tres asistencias y se quedó sin goles, atrapado entre rotaciones y la exigencia inmediata de un equipo diseñado para ganar ya.

Pumas, una apuesta a contrarreloj

Ahora, en Pumas, Antuna encuentra algo distinto: espacio, responsabilidad y urgencia. No llega como estrella, sino como un futbolista que necesita responder. El Olímpico Universitario, con su historia, su cantera y su mística, puede ser el escenario de su redención… o el último llamado.

El reto está planteado. Antuna vuelve a empezar, con la selección en el horizonte y el tiempo como rival. En Ciudad Universitaria, cada sprint contará.

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