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México y su huella en los Juegos Olímpicos de Invierno

La historia de México en los Juegos Olímpicos de Invierno comenzó en St. Moritz 1928, marcando un capítulo poco conocido pero profundamente simbólico del deporte nacional. A casi 100 años de aquel debut, el país ha logrado estar presente en 10 ediciones, con un legado que va más allá de las medallas y se sostiene en la constancia, el orgullo y la pasión de sus atletas.

En aquella primera aparición, el equipo de bobsleigh integrado por Lorenzo Elizaga, Genaro Díaz, Mario Casados, Juan de Landa y José Díaz firmó la mejor actuación histórica de México en citas invernales, al ubicarse en el undécimo lugar, un resultado que puso al país en el mapa olímpico de invierno.

Después de ese prometedor inicio, México atravesó una ausencia de 56 años sin representación, hasta que en Sarajevo 1984 el esquiador Hubertus von Hohenlohe rompió la sequía. Su figura se volvió inseparable de la historia invernal mexicana, al participar en seis ediciones, convirtiéndose en el atleta mexicano con más presencias olímpicas de invierno.

Otro nombre clave es el del patinador Ricardo Olavarrieta, quien debutó en Calgary 1988, fue abanderado y regresó en Albertville 1992, edición especial para México al contar con la delegación más numerosa de su historia: 20 atletas.

Desde Vancouver 2010, México ha mantenido una participación ininterrumpida cada cuatro años, construyendo un legado silencioso pero firme. En ese camino destacan atletas como Rodolfo Dickson, Germán Madrazo, Jonathan Soto, y especialmente Donovan Carrillo, quien devolvió al país al patinaje artístico olímpico en Beijing 2022, logrando una histórica posición 22.

De cara a Milano-Cortina 2026, la ilusión continúa. Carrillo buscará mejorar su actuación, mientras que la experimentada Sarah Schleper intentará cerrar su extraordinaria carrera con su séptima participación olímpica, ahora defendiendo los colores de México. A ellos se suman Regina Martínez, Allan Corona y Lasse Gaxiola, ampliando la presencia nacional en disciplinas de invierno.

México aún persigue su primera medalla invernal, pero cada atleta que ha competido ha dejado una huella imborrable. Su historia no se mide en preseas, sino en valentía, constancia y el orgullo de representar al país en los escenarios más fríos del olimpismo mundial.

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