El Mundial 2026 aún no rueda el balón y ya enfrenta su prueba más delicada fuera de la cancha. Los ataques coordinados de Estados Unidos e Israel contra objetivos en Irán, reportados el sábado 28 de febrero de 2026, encendieron una escalada militar y diplomática que ahora golpea de lleno a la Copa del Mundo que organizarán Estados Unidos, Canadá y México.
En el plano deportivo, el foco apunta directamente a la selección iraní: Irán está programado para disputar sus partidos de fase de grupos en territorio estadounidense, una condición que, en el contexto actual, abre interrogantes sobre logística, seguridad, movilidad y ambiente alrededor de los partidos. Reuters reportó que Irán tiene dos juegos previstos en Los Ángeles y uno en Seattle.
El antecedente que ya había encendido la alarma: el tema de visas
Mucho antes de esta escalada militar, la tensión ya se había asomado en el camino mundialista. En noviembre de 2025, Reuters informó que Irán amenazó con boicotear el sorteo del Mundial por restricciones de visado, luego de que Estados Unidos limitara la emisión de visas para integrantes de su delegación, incluyendo el caso del presidente de la federación, Mehdi Taj, entre otros nombres señalados en reportes.
A ese telón de fondo se suman las políticas migratorias vigentes. Un documento oficial de la Casa Blanca publicado en diciembre de 2025 describe medidas de restricción y limitación de entrada de extranjeros por motivos de seguridad nacional, contemplando excepciones y mecanismos de “interés nacional” según el caso. En eventos globales, estas excepciones suelen ser el punto clave para atletas y personal acreditado, pero no necesariamente para aficionados.
FIFA entra en escena: “monitoreo” y comunicación con sedes
Con la escalada de finales de febrero, la discusión dejó de ser hipotética. Reuters reportó que FIFA está monitoreando el caso Irán rumbo al Mundial y que mantiene comunicación con los países anfitriones, subrayando que la prioridad es la seguridad de todos.
En otras palabras: el torneo sigue en pie, pero el contexto cambió de forma abrupta. Y cuando el contexto cambia, el Mundial —por más blindado que parezca— también se mueve.
El punto más sensible: los aficionados
Hay una diferencia enorme entre el equipo y su gente. En este tipo de torneos, jugadores, cuerpo técnico y oficiales pueden entrar en esquemas de acreditación y excepciones; los aficionados, en cambio, dependen de trámites ordinarios, tiempos consulares y criterios de admisión. Con una relación bilateral bajo máxima tensión, el camino para que seguidores viajen desde Irán hacia sedes en Estados Unidos se vuelve, en los hechos, más complejo y menos predecible.
El balón no decide, pero el escenario sí pesa
Para Irán, el Mundial 2026 debería ser la fiesta deportiva más grande de su generación. Para los organizadores, la prioridad es que el torneo transcurra sin que la geopolítica dicte el calendario. Pero hoy la realidad aprieta: la crisis no solo se mide en comunicados y cancillerías, también se mide en aeropuertos, visados, operativos de seguridad y en la posibilidad —o no— de que una afición acompañe a su selección.
Y así, el Mundial entra en una zona donde el margen de error es mínimo: un torneo global, con sedes globales, atrapado en una tensión que se siente mucho más allá del césped.