Estados Unidos ya está en los octavos de final del Mundial 2026. El equipo de Mauricio Pochettino derrotó 2-0 a Bosnia y Herzegovina en Santa Clara y cumplió con la exigencia mínima que se le imponía como anfitrión: meterse entre los 16 mejores del torneo. Fue una victoria de mucho carácter, más sufrida de lo esperado y marcada por la expulsión de Folarin Balogun, pero suficiente para mantener con vida el sueño del USMNT en casa.
El partido tuvo momentos de tensión desde el arranque. Estados Unidos intentó imponer condiciones con su once estelar, pero Bosnia resistió durante buena parte del primer tiempo y complicó la circulación ofensiva del equipo local. Cuando parecía que el empate sin goles se iba al descanso, apareció Balogun para romper el cero y encender al público californiano con el primer tanto de la noche.
Sin embargo, el propio Balogun pasó de héroe a villano en cuestión de minutos. Tras una revisión de VAR, el delantero fue expulsado por una falta sobre Tarik Muharemovic y dejó a Estados Unidos con diez hombres en un momento delicado del encuentro. La roja añadió drama a una noche que parecía controlada y obligó al cuadro de Pochettino a sostener la ventaja a pura disciplina y sacrificio.
Lejos de desmoronarse, el conjunto estadounidense encontró la calma necesaria para resistir la presión bosnia. El golpe definitivo llegó al minuto 82, cuando Malik Tillman firmó el 2-0 con un tiro libre que desató la celebración en Santa Clara y cerró el pase a la siguiente ronda.
El triunfo tiene un peso especial en la historia del futbol estadounidense. De acuerdo con los reportes posteriores al partido, se trata de la primera victoria del USMNT en una fase de eliminación directa de un Mundial desde 2002, cuando venció a México en Corea-Japón. En ese sentido, el equipo de Pochettino no solo avanzó: también rompió una larga espera y respondió en el escenario para el que se preparó durante dos años.
Ahora, Estados Unidos se medirá a Bélgica en los octavos de final, pero lo hará sin Balogun, suspendido tras su expulsión. La clasificación llegó con más tensión que brillo, aunque con un mensaje claro: este equipo sabe sufrir y, en un Mundial, eso también cuenta.