Si Tatsuya Imai quería anunciar su llegada a Grandes Ligas con estruendo, lo hizo a la perfección. No eligió el camino cómodo ni el refugio cultural. Eligió Houston. Y con ello, abrazó una rivalidad que arde desde hace años.
El as japonés firmó tres temporadas y 54 millones de dólares con los Astros, una decisión que encendió de inmediato la conversación en MLB. No porque Houston sea el rival histórico de los Dodgers —ese lugar seguirá siendo de San Francisco—, sino porque es el enemigo moderno, el que dejó cicatrices profundas tras la Serie Mundial de 2017 y el escándalo que vino después. Abucheos, cuentas pendientes y una tensión que no se apaga.
Imai lo sabía. Y aun así, fue hacia ahí.
Cuando ingresó al sistema de posting, el guion parecía escrito: Los Ángeles. Ahí están Ohtani, Yamamoto y Sasaki, el núcleo japonés más poderoso que haya visto la liga. Sumarse era lógico. Ganar, quizá, más fácil. Pero Imai eligió otra cosa.
“Claro que disfrutaría jugar con ellos”, dijo en Japón. “Pero ganarle a un equipo como ese y convertirme en Campeón Mundial sería lo más valioso de mi vida. Preferiría vencerlos”.
Esa frase explica el fichaje. Houston no promete comodidad; promete exigencia. Es una franquicia acostumbrada a competir bajo lupa, a cargar con el ruido y a responder en octubre. Imai no esquivó ese peso: lo convirtió en motivación.
También rechazó la muleta cultural.
“Si hubiera otro japonés en el mismo equipo, podría preguntar cualquier cosa. Pero no es lo que busco. Quiero sentir esa sensación de supervivencia, enfrentar las diferencias culturales y superarlas por mi cuenta”.
En el terreno, el respaldo es contundente. Imai llega tras ganar el Premio Sawamura, el Cy Young japonés, con una temporada dominante: 1.92 de efectividad, 178 ponches en 163.2 entradas. En ocho campañas con Seibu dejó 3.15 de ERA, 907 ponches y tres selecciones al All-Star. Su carta de presentación es una recta explosiva que alcanza 99 mph, con un enfoque claro: atacar la parte alta de la zona.
“Mi mejor lanzamiento es la recta. La clave es no tirarla baja, sino alta, empujarla hacia arriba”.
Y hay un duelo que ya imagina.
“Quiero probar mi recta contra Ohtani. Quiero ponerme a prueba lanzándole”.
Ese momento podría llegar entre el 4 y el 6 de mayo, cuando los Dodgers visiten Houston. Tres juegos. Tres capítulos posibles. O quizá el prólogo de algo más grande en octubre.
Con los Astros, Tatsuya Imai no firmó solo un contrato. Firmó una postura. Rechazó el super equipo, eligió el lado incómodo de la historia y apostó por un título intentando derribar a los Dodgers, no sumándose a ellos. En una liga que premia la unión de estrellas, Imai eligió el desafío. Y eso, en béisbol, suele ser gasolina pura.

