El Wild Card dejó algo más que boletos repartidos. Dejó una sensación incómoda, casi eléctrica, de que la NFL entró en una zona donde el guion ya no existe y cada jugada parece escrita en tiempo real. El domingo por la noche, muchos aficionados seguían frente al televisor sin saber exactamente qué acababan de presenciar. El control remoto olvidado, la bebida tibia, el silencio posterior. No fue sólo una ronda de comodines. Fue una advertencia.
Cuatro partidos se resolvieron por cuatro puntos o menos, algo que jamás había ocurrido en una misma ronda. En apenas cinco juegos hubo 12 cambios de liderato en el último cuarto. Ventajas efímeras, probabilidades que se deshicieron en segundos y estadios que pasaron del murmullo al grito. El caos tuvo rostro: un receptor lanzando un pase de touchdown, equipos con 96 % de probabilidad de victoria quedando al borde del abismo… y una escena congelada en el tiempo. Aaron Rodgers soltando un pase que terminó en pick-six mientras Houston Texans aplastaba a Pittsburgh Steelers en el último Monday Night.
Eso ya es historia. Ahora viene lo más corto y lo más cruel: la ronda divisional.
Buffalo favorito… aunque el juego sea en Denver
La acción abre el sábado en las montañas. Denver Broncos llegan como primer sembrado de la AFC, con más de diez días de descanso y el estadio intacto. Buffalo Bills, en cambio, aterrizan sin respiro, con semana corta y el cuerpo todavía marcado por un partido decidido en la última posesión.
Aun así, Las Vegas los coloca como favoritos. Buffalo viene de vencer 27-24 a Jacksonville con tres touchdowns de Josh Allen, en lo que fue su primera victoria como visitante en playoffs y la primera de la franquicia fuera de casa desde 1992. Allen no ha lanzado una intercepción en postemporada desde 2022 y jugó futbol americano universitario en Wyoming, a poco más de 200 kilómetros de Denver. No define el partido, pero lo rodea.
Seattle vuelve a imponer respeto en casa
La noche del sábado se traslada al noroeste. Seattle Seahawks reciben de nuevo a San Francisco 49ers, apenas tres semanas después del 13-3 que les aseguró el primer sembrado. Fue un partido áspero, físico, incómodo.
La serie de la temporada quedó empatada y el historial de playoffs también: una victoria por bando en 2014 y 2023. Seattle aparece como favorito por siete puntos, respaldado por su defensa y por semanas de preparación mirando al mismo rival. No hay sorpresa. Sólo ajuste fino.
Rams cargan con el peso de favoritos en Chicago
El domingo cambia de clima y de textura. Chicago Bears reciben a Los Angeles Rams en Soldier Field, un estadio que vuelve a oler a eliminación directa. Sólo se han cruzado dos veces en playoffs: 1950 y 1986. La última terminó 24-0 para Chicago.
Esta vez el contexto es otro. Rams llegan con perfil completo: top 10 en ofensiva y defensiva, entrenador y quarterback campeones de Super Bowl, segundo mejor diferencial de puntos de la temporada regular. Aun de visita, las apuestas los colocan como favoritos por cuatro.
Nueva Inglaterra, otra vez en enero
El cierre enfrenta a New England Patriots y Houston Texans, un duelo que no se repite desde 2024, cuando Houston ganó 41-21. Hoy el contexto cambió. Los Patriots están bajo el mando de Mike Vrabel y del quarterback de segundo año Drake Maye.
Houston llega con impulso tras ganar en Pittsburgh y con números sólidos ante equipos de playoffs. En ocho partidos frente a rivales de postemporada permitió menos de 20 puntos en seis. En playoffs, sin embargo, el historial pesa: dos enfrentamientos, dos derrotas ante New England en la era Brady. Aun así, los Patriots son favoritos por tres.
Las líneas ya tomaron postura: Bills, Patriots, Rams y Seahawks. Pero si algo dejó claro el Wild Card es que enero no promete estabilidad. Promete intensidad, decisiones al filo y partidos que se resuelven cuando el reloj parece detenido. La NFL cruzó una línea invisible. Y ahora, nadie sabe exactamente hasta dónde puede llegar.

