Con una mezcla de espectáculo, nostalgia y poder en el diamante, los Dodgers de Los Ángeles arrancaron su temporada como locales con una victoria 5-4 sobre los Tigers de Detroit, colocándose con marca de 3-0 por primera vez desde 2016.
En una jornada digna del corazón de Hollywood, los monarcas de las Grandes Ligas transformaron el Dodger Stadium en una alfombra azul cargada de historia y emociones. La ceremonia previa al juego incluyó la presentación del trofeo de la Serie Mundial por parte del icónico rapero Ice Cube, el izamiento del banderín de campeones a cargo de Magic Johnson y Billie Jean King, y un emotivo homenaje a los cuerpos de bomberos de Los Ángeles y Pasadena por su labor durante los recientes incendios invernales.
Con el uniforme adornado con letras doradas —en alusión al título obtenido ante los Yankees en la Serie Mundial 2024—, los Dodgers ofrecieron a su afición un guion perfecto desde el primer acto. El protagonista: Teoscar Hernández, quien en la tercera entrada conectó un cuadrangular de tres carreras tras un lanzamiento del abridor rival Tarik Skubal, para poner a Los Ángeles al frente en la pizarra.
Skubal, galardonado con el Cy Young en la campaña anterior, sufrió ante la ofensiva angelina. En cinco episodios permitió seis imparables, incluidos dos cuadrangulares, y cuatro carreras limpias, cargando con la derrota.
Por su parte, el zurdo Blake Snell debutó en casa con solidez. Lanzó cinco entradas en las que toleró solo dos carreras, logrando su primera victoria como Dodger antes de ceder la responsabilidad al bullpen.
El momento culminante previo al juego fue protagonizado por Kirk Gibson, héroe de la Serie Mundial de 1988, quien realizó el primer lanzamiento de la noche. El receptor fue Freddie Freeman, autor de un inolvidable grand slam en el Juego 1 del Clásico de Otoño 2024, que selló su lugar en la historia reciente del equipo.
Con esta victoria, los Dodgers mantienen su paso perfecto tras las dos primeras victorias en la Tokyo Series frente a los Cubs, y reafirman su intención de conquistar un segundo título consecutivo en las Grandes Ligas.
Hollywood volvió a vestirse de azul, y los Dodgers demostraron que en Los Ángeles, el béisbol también es una superproducción.