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James Rodríguez aparece en el radar de Platense

El último mercado de pases en el fútbol argentino encendió las alarmas con un rumor que cruzó fronteras y redes sociales: James Rodríguez habría sido ofrecido a Platense. El solo nombre del colombiano, exfigura mundialista y uno de los futbolistas más mediáticos de la última década, alcanzó para provocar revuelo. Pero detrás del impacto inicial se esconde una pregunta incómoda: ¿es un fichaje estratégico o apenas una tentación nostálgica?

Platense vive un presente dorado. El “Calamar”, actual campeón de la Liga Profesional, se ganó a pulso un lugar de privilegio y hoy despierta interés en jugadores de renombre que buscan subirse a un proyecto ganador. En ese contexto aparece James Rodríguez, un talento de clase mundial que supo brillar en escenarios gigantes: campeón del mundo Sub-20, estrella en el Real Madrid y el Bayern Múnich, con pasos por el Everton y una etapa reciente en el Club León que dejó más dudas que certezas.

El atractivo es innegable. James no solo aportaría calidad técnica y visión, también un impacto mediático inmediato: camisetas, reflectores y una visibilidad internacional que pocos pueden ofrecer. Sin embargo, el fútbol no se gana con currículums. Y ahí emerge la otra cara del debate.

En los últimos años, el rendimiento del colombiano ha sido irregular. Tras su salida de la élite europea, su paso por Qatar y su experiencia en la Liga MX estuvieron marcados por destellos aislados y constantes interrupciones físicas. Las ausencias en partidos clave —por lesiones o decisiones tácticas— alimentaron el escepticismo sobre su continuidad, ritmo competitivo y adaptación a proyectos exigentes. La etiqueta de “talento intermitente” pesa.

Para Platense, la decisión exige cabeza fría. El campeón argentino construyó su éxito con una base sólida, identidad clara y un vestidor comprometido. Incorporar a una figura por el nombre, sin garantías de rendimiento sostenido, podría romper equilibrios que hoy funcionan. Sí, James podría sumar jerarquía; pero también podría convertirse en un foco de distracción si no logra continuidad.

El dilema está planteado. La llegada del colombiano sería un golpe de efecto que pondría al Calamar en la conversación global, pero el riesgo es real: confundir fama con forma. En el fútbol argentino —tan pasional como implacable— los nombres pesan, pero los puntos se ganan en la cancha.

La bomba mediática ya explotó. Ahora, Platense debe decidir si hay fuego para cocinar un refuerzo que eleve el proyecto… o si todo quedará en humo.

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