Ciudad Juárez volvió a demostrar que su talento también se impone fuera del país. Hace apenas unas semanas, un grupo de jugadoras fronterizas representó a México en un torneo disputado en El Salvador y regresó con un valioso subcampeonato, reafirmando una vez más la constancia, el nivel competitivo y el orgullo con el que suelen defender los colores de la ciudad en cada escenario internacional.
Acompañado por sus jugadoras, José Luis destacó el esfuerzo realizado por el equipo, reconociendo que el objetivo era regresar con el campeonato, pero valorando también el mérito de haberse instalado nuevamente en una final continental y pelear hasta el último momento ante un rival de gran exigencia como Brasil.
“Gracias a Dios se dio el resultado. Hubiéramos querido traernos el campeonato como en el Panamericano pasado, pero nos tocó enfrentarnos a Brasil en la final otra vez y, a pesar del esfuerzo de las chicas, no se pudo dar el resultado. Pero un segundo lugar es bastante honroso para la ciudad y siempre pensamos en traer buenos resultados a Ciudad Juárez”, expresó.
En la categoría de 55 años participaron 16 equipos, divididos en cuatro grupos de cuatro. El representativo juarense tuvo una fase de grupos sobresaliente, avanzando en el primer lugar de su sector tras imponerse de manera invicta a Puerto Rico, Argentina y Costa Rica, resultados que reflejaron desde el arranque la solidez del equipo en la competencia.
Ya en la fase final, el camino continuó con autoridad. Primero, el equipo venció a otro representativo de México, proveniente de la Ciudad de México, para después superar a Bolivia en semifinales y así instalarse en la gran final frente a Brasil, en una reedición de una rivalidad que ya tenía antecedentes importantes.
José Luis se mostró satisfecho por el desempeño del grupo y resaltó la entrega total de sus jugadoras en cada partido.
“Las chicas siempre dejan el corazón ahí en la cancha y aunque siempre tratamos de ganar el campeonato, hay veces que también otros equipos merecen ganar”, señaló.
Entre las jugadoras, el sentir fue similar: orgullo por lo conseguido, conciencia del esfuerzo realizado y motivación por lo que viene. Una de las integrantes del equipo resaltó que la final fue especialmente complicada, recordando que ya se habían enfrentado a Brasil dos años atrás, cuando en aquella ocasión la victoria había sido para México.
“Muy contentas con el desempeño del equipo, un equipo muy fuerte y con buenos resultados. Obtuvimos un subcampeonato muy bueno”, comentó.
Además, el grupo ya tiene la mirada puesta en su siguiente reto, ya que existe una invitación para participar en un torneo en Grecia, por lo que la preparación no se detiene. Tras apenas una semana de descanso, las jugadoras se alistan para retomar entrenamientos con la intención de seguir compitiendo al máximo nivel.
Larisa González, quien vivió su primer Panamericano, compartió la emoción que le dejó esta experiencia internacional y el valor que tuvo para ella enfrentar a jugadoras de otros países.
“Para mí fue una experiencia muy bonita porque nunca me imaginé enfrentarme con jugadoras de otros países y me sentí muy bien. Agradezco mucho la invitación para formar este equipo”, expresó.
También Ana Luisa Telles valoró el torneo desde una perspectiva personal y colectiva, destacando tanto la experiencia deportiva como el compañerismo dentro del grupo.
“Regreso satisfecha de los resultados, lo disfruté mucho y realmente agradecida con Dios por esta oportunidad que me da de poder seguir jugando básquetbol, de conocer gente nueva y de integrarme más a mi equipo”, señaló.
Por su parte, Eva Carrasco también vivió su primer Panamericano con emoción especial, agradeciendo la oportunidad de haber formado parte de un equipo que volvió a colocar a Ciudad Juárez en un sitio destacado a nivel internacional.
La participación del conjunto fronterizo no solo dejó un subcampeonato, sino también una nueva muestra del nivel competitivo que existe en la ciudad. Desde la duela, estas jugadoras volvieron a responder con carácter, disciplina y corazón, manteniendo viva una costumbre que ya parece sello de la frontera: representar con orgullo y regresar con resultados.