La cuenta regresiva hacia la Copa del Mundo de 2026 ya comenzó, y en medio de ese camino empieza a tomar forma una tendencia clara dentro de la Selección Mexicana: Chivas se perfila como la base del equipo de Javier Aguirre, con la mira puesta en superar lo hecho por los Pumas de 1986, que hasta hoy siguen siendo la base más exitosa en la historia del Tricolor en un Mundial organizado en casa.
Si algo ha marcado a distintas generaciones de la Selección Mexicana, es la influencia de ciertos clubes en la columna vertebral del equipo nacional. Y cuando se revisa la historia reciente, hay un nombre que sigue teniendo un peso especial: Pumas de la UNAM.
En el Mundial de 1986, el conjunto universitario aportó una base sólida al Tricolor con jugadores como Miguel España, Félix Cruz, Luis Flores, Raúl Servín, Rafael Amador y Manuel Negrete, en la que hasta hoy se mantiene como la selección mexicana que más lejos ha llegado en una Copa del Mundo organizada en territorio nacional.
Años después, en Estados Unidos 1994, la base estuvo dividida entre Pumas y Atlante, con tres jugadores de cada club dentro del equipo dirigido por Miguel Mejía Barón. Por parte del cuadro universitario estuvieron Jorge Campos, Claudio Suárez y Ramírez Perales, mientras que los azulgranas aportaron a Félix Fernández, Luis Miguel Salvador y Raúl Gutiérrez. Aquella selección alcanzó los octavos de final antes de caer ante Bulgaria en penales.
Para Francia 1998, el protagonismo lo tomó América, que aportó siete jugadores al plantel de Manuel Lapuente. Nombres como Germán Villa, Duilio Davino, Isaac Terrazas, Alberto García Aspe, Ricardo Peláez, Oswaldo Sánchez y Raúl Rodrigo Lara formaron parte de una selección que volvió a instalarse en los octavos de final.
En Corea-Japón 2002, durante el primer proceso de Javier Aguirre, la base llegó desde Pachuca, con futbolistas como Alberto Rodríguez, Gabriel Caballero, Manuel Vidrio y Francisco Gabriel de Anda.
Sin embargo, uno de los ciclos más recordados por su fuerte identidad de club fue el de Chivas, que en dos procesos distintos se convirtió en el sostén de la Selección Mexicana. Primero en Alemania 2006, con Ricardo Antonio La Volpe, cuando el Rebaño aportó a Oswaldo Sánchez, Carlos Salcido, Francisco Rodríguez, Ramón Morales, Gonzalo Pineda y Omar Bravo.
Más tarde, en Sudáfrica 2010, Chivas volvió a tener un peso importante en el equipo, esta vez bajo el mando del propio Javier Aguirre, con futbolistas como Luis Ernesto Michel, Jonny Magallón, Alberto Medina, Adolfo Bautista y Javier Hernández. En ambos casos, México terminó su participación en la misma instancia y ante el mismo rival: los octavos de final frente a Argentina.
En Brasil 2014, América volvió a convertirse en base de la selección, ahora bajo el mando de Miguel Herrera, con Francisco Rodríguez, Miguel Layún, Paul Aguilar y Raúl Jiménez como representantes azulcremas en aquel equipo mundialista.
Por otro lado, en Qatar 2022, la base de la selección de Gerardo Martino fue Rayados de Monterrey, en un proceso que terminó siendo uno de los más decepcionantes en la historia reciente del Tri, dejando incluso la amarga sensación de una base que no logró responder a las expectativas en la Copa del Mundo.
Ahora, de cara a 2026, la historia parece volver a poner a Chivas en el centro del proyecto nacional. El equipo rojiblanco se perfila como la base más importante del proceso de Javier Aguirre, en una apuesta que mezcla identidad, continuidad y la esperanza de que esta generación pueda romper la barrera histórica.
La meta no es menor. Chivas no solo quiere sostener al Tri, quiere llevarlo más lejos. Y para lograrlo, tendrá que superar aquella marca que Pumas dejó en 1986 y que sigue siendo la referencia más alta de una base de club en la historia mundialista de México.
El Mundial está cada vez más cerca. Y si el corazón del Tri vuelve a latir en rojo y blanco, la ilusión también crecerá con la esperanza de que esta vez sí alcance para escribir una historia distinta.