El estruendo en Levi’s Stadium no alcanzó. Tampoco la racha de seis triunfos al hilo ni el sueño de pasar enero sin abordar un avión rumbo al Super Bowl que se jugará en ese mismo escenario el 8 de febrero. Todo quedó en pausa en una noche espesa para San Francisco y perfecta para unos Seahawks que entendieron el momento, ejecutaron con paciencia quirúrgica y salieron con un 13-3 que vale descanso, localía y el primer lugar de la NFC.
Seattle jugó el partido que más incomoda a los 49ers: largo, físico y calculado. Desde la primera serie dejó claro que el plan pasaba por el suelo y por el reloj. Zach Charbonnet abrió el marcador con una carrera de 27 yardas en el primer cuarto y con eso bastó para marcar el tono. Fue su touchdown terrestre número 12 de la temporada, el primero en Seattle que alcanza esa cifra desde Marshawn Lynch en 2014. A partir de ahí, el desgaste fue constante: 180 yardas por tierra y una ofensiva sin brillo, pero implacable. Charbonnet aportó 74 yardas y Kenneth Walker III, 97.
San Francisco tuvo el balón, pero no tuvo ritmo. Brock Purdy vivió una primera mitad asfixiante ante una defensa que ganó cada centímetro. Promedió 1.5 yardas aéreas por intento y por pase completo en los dos primeros cuartos, los peores registros de su carrera con margen amplio. Apenas intentó un envío de más de cinco yardas en toda la mitad inicial. Christian McCaffrey encontró carriles cerrados y lecturas tardías. El partido se jugaba a la velocidad que Seattle quería.
Purdy terminó golpeado, con 127 yardas y una intercepción. Y ese dato no fue anecdótico: fue el reflejo de una noche dominada por la defensa visitante, la mejor de la liga contra la carrera durante la temporada y letal cuando el calendario pesa. Seattle permitió sólo 53 yardas terrestres y limitó a McCaffrey a 23 yardas en ocho acarreos.
Jason Myers amplió la ventaja con un gol de campo de 45 yardas para el 10-0. Eddy Piñeiro respondió con uno de 48 que mantuvo con vida a San Francisco. La diferencia era corta, pero el juego ya estaba exactamente donde Seattle lo había colocado.
La noche en que Seattle cerró la puerta
El punto de quiebre llegó en el último cuarto y dolió por la forma. San Francisco avanzó hasta zona de goal y parecía listo para acercarse. Purdy lanzó; el balón fue desviado ligeramente, McCaffrey no pudo controlarlo y Drake Thomas leyó la jugada para quedarse con la intercepción. No fue sólo un cambio de posesión: fue la anulación de puntos que parecían seguros y el golpe emocional del partido.
Seattle no dudó. Tras esa jugada armó una serie extensa, sostenida por seis conversiones de tercera oportunidad en 11 intentos a lo largo de la noche. Caminó el balón hasta la yarda cinco. Myers falló un gol de campo corto, pero el daño ya estaba hecho. El reloj se consumió y el margen de maniobra para los 49ers se redujo a casi nada.
Myers se redimió antes con un gol de campo de 31 yardas para el 13-3 definitivo. Sin necesidad de arriesgar, Seattle cerró con control total del tiempo y del espacio. Un triunfo que también rompió inercias: San Francisco había ganado siete de los últimos ocho enfrentamientos, incluido un duelo de playoffs en 2022. Esta vez, el guion fue otro.
Fue apenas la cuarta ocasión desde 1975 en la que dos equipos se enfrentaron en la última semana con el puesto número uno en juego. Seattle entendió el peso del momento, silenció el estadio y se llevó algo más que un partido: el camino.

