El béisbol tiembla. Este lunes, el cerrador estelar de los Cleveland Guardians, Emmanuel Clase, fue colocado en licencia pagada no disciplinaria, en el marco de una investigación en curso de las Grandes Ligas relacionada con apuestas deportivas. Clase se convierte así en el segundo jugador del equipo en la mira, luego del lanzador abridor Luis Ortiz, quien ya había sido apartado el pasado 3 de julio bajo los mismos términos.
Ambos casos estarán vigentes hasta el 31 de agosto, fecha en que vencerá su licencia… pero el impacto de esta noticia ya ha estremecido las bases del diamante.
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Ortiz encendió las alarmas… ahora Clase sacude la liga
El caso de Ortiz ya había causado revuelo cuando se reveló que dos lanzamientos suyos —uno contra los Marineros y otro ante los Cardenales— fueron considerados “sospechosos” por casas de apuestas. Ambos fueron bolas lanzadas como primer pitcheo de una entrada, un tipo de apuesta común en plataformas deportivas.
La sospecha (no verificada) apunta a que Ortiz podría haber lanzado intencionalmente bolas para iniciar innings y aprovechar apuestas de alto valor hechas por él o un allegado. La industria del juego, junto con consultoras especializadas en integridad deportiva, detectó irregularidades, y el caso escaló.
Pero cuando el nombre de Emmanuel Clase entró en escena, la historia subió de nivel.
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Clase: una leyenda en construcción bajo la lupa
Con apenas 27 años, Emmanuel Clase ya es considerado uno de los mejores relevistas en la historia reciente del béisbol. Su ERA vitalicia de 1.88 en 366 juegos es la segunda más baja de todos los tiempos entre lanzadores con al menos 100 apariciones. En 2024, fue simplemente brillante: solo cinco carreras limpias en más de 74 entradas, ganándose el tercer lugar en la votación del Cy Young de la Liga Americana.
Ya en 2020 había enfrentado una suspensión de 80 juegos por una sustancia prohibida. Pero esto… esto es distinto. Esto pone en juego la integridad del deporte.
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Una bomba en el corazón del juego
La MLB ya había enfrentado un escándalo mayor este año, cuando cinco peloteros fueron sancionados por apostar en partidos de Grandes Ligas. El caso más extremo fue el del venezolano Tucupita Marcano, expulsado de por vida tras hacer 387 apuestas por más de $150,000 dólares. Otros, como José Rodríguez y Michael Kelly, recibieron sanciones de un año.
Pero Clase, por su peso específico en el diamante, representa el nombre más importante envuelto en una investigación de este tipo hasta ahora.
Y esto ocurre en un contexto explosivo: desde 2018, cuando la Corte Suprema levantó la prohibición federal a las apuestas deportivas, la industria del juego invadió los estadios, las transmisiones, los contratos, y sí… también a los propios jugadores.
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¿Dónde termina el juego… y empieza el negocio?
El béisbol ha abrazado las apuestas como fuente millonaria de ingresos. Más de la mitad de los equipos tienen vínculos oficiales con casas de apuestas. Pero al permitir este matrimonio con el juego, la MLB asumió un riesgo enorme. Uno que ahora toca su puerta con fuerza.
El caso Clase-Ortiz es apenas una alerta temprana. Como ocurrió en la NBA con Jontay Porter, suspendido de por vida por filtrar información interna, el peligro de que los atletas manipulen momentos para apostar es real.
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El futuro pende de un hilo
La integridad del béisbol sigue viva, pero cada escándalo golpea su corazón. Ortiz y Clase son, hasta ahora, los nombres en el centro del huracán… pero no serán los últimos. El juego cambió, y hoy el mayor rival del béisbol no es otro equipo: es la tentación de romper las reglas por un boleto de apuestas.
🏟️ El campo de juego ya no es solo de competencia… también es de comercio. Y esa línea, peligrosamente delgada, acaba de empezar a desdibujarse.
⚾ El béisbol aún respira… pero necesita jugar limpio si quiere seguir siendo el deporte de los sueños.