El ambiente en Berlín estaba cargado de expectativa desde mucho antes del salto inicial. No era un partido cualquiera. Era el primer juego de temporada regular de la NBA en suelo alemán, y las gradas reflejaban la magnitud del momento. Entre camisetas, banderas y cámaras, destacaron rostros conocidos: Mats Hummels y Thomas Müller alentaban desde la tribuna, mientras muy cerca de ellos Jürgen Klopp sonreía, conversaba y se dejaba querer por los aficionados. El basquetbol, por una noche, se cruzó con el futbol y convirtió el recinto en un punto de encuentro entre disciplinas y figuras de élite.